Vivir del viaje

Javier Bozalongo, Viaje improbable, Colección “Surcos de poesía”, Renacimiento.

Este viaje no es un solo viaje. Este viaje nadie dijo que fuese fácil, sin embargo es feliz, ya que no existe otra felicidad que la del viaje, la de la vida. Este viaje nace de lo ajeno. Este viaje es la vida. El viaje improbable de Javier Bozalongo nos llena de dudas, de dolor, de poesía, pero sobre todo, de vida. Merecedor del  XI Premio << Surcos >> de poesía, todo en el viaje de este libro, nos lleva al viaje improbable de la vida. Empezando por la dedicatoria, donde Bozalongo marca el principio del viaje en sus padres y la continuación en sus hijas. Además, con esta cita nos muestra el carácter ajeno de este viaje, o mejor dicho del impulso de este viaje, que no parte de uno mismo muchas veces, sino de otros.

El viaje comienza con una sección de poemas titulada en el andén, y ya encontramos varias características del viaje. Este viaje, como bien dice el título, es improbable, inquietante, cargado de miedos y de dudas, de perplejidad y desconcierto, frágil. Encontramos continuamente imágenes de fragilidad “sentado frente a flores de cristal” y de inestabilidad “joven poeta equilibrista”. Pero, por otro lado, están sus opuestos con los que trabajo el autor, las ganas con las que se afronta el viaje, las ganas de vivir.

Llevar a cabo el viaje no se consigue de otra forma que avanzando, avanzando siempre hacia el horizonte, sin detenerse. Esta sensación la logra con gran efectividad Bozalongo en su poesía: “ni hasta ahora vivido / ni vivido de nuevo” donde vemos poéticamente la sucesión del pasado, el presente y el futuro.

Durante el viaje nos cargamos por dentro, nuestra alma se llena de huellas de los lugares y las gentes de nuestro recorrido y así nos vamos haciendo. El viaje crea al individuo y para este largo viaje el pasado es a veces un lastre y la memoria acaba siendo un “espejismo, / falsa promesa” como dice en el poema ‘Ciudad sin memoria’. Bozalongo aboga por el viaje discreto, el paso sin aspavientos por la vida.

Esa impostura es la que nos acerca a lo ajeno, siempre presente en el viaje y en la poesía de Bozalongo, aunque no sólo como impostura sino también como motor del viaje. De ahí también el tratamiento de las sombras, el recuerdo, que siempre necesitan elementos ajenos, la luz que las proyecta, los objetos que las dan forma para hacerse reales, las gentes que se interponen en nuestro camino para formar nuestros recuerdos.

Siempre trabajando para alguien y avanzando hacia algo, muchas veces aquello de lo que no podemos escapar. No hay nada en nuestras manos, son siempre otros los que guían el viaje “mientras resuelve el clima, / también, nuestro futuro”.

Crítica social en algunos momentos, sobre todo ante el presente en que vivimos como en el poema ‘Esplendor’: “Así el presente repta alrededor / y fija su miradas en nuestros ojos, / hipnótico esplendor de un hoy vacío”. El presente es un reptil que huye.

O ante la sociedad establecida, con sus dobles morales como en el poema ‘El sueño de la paz’: “¿Quién nos protege ahora de los libertadores?”

En “Naufragio” se muestra el final de la vida, final del viaje, cuando el barco naufraga, el viajero se detiene en medio del viaje, pero otros continúan ese viaje. Al final del viaje queda “la luz ya relajada”, a la vuelta de la vida queda luz pero es una “Luz sin sombra”, en el momento de la muerte encontramos la claridad que nos nubla durante la vida los recuerdos. El presente se forja en “Materiales indelebles” para que no se olvide. Los recuerdos asociados a materiales: “Quién sabe qué recuerdos […] bajo cada pedazo de aluminio”.

El poema ‘Cuando me supe pez’ es un ejemplo claro del viaje de la vida, con la intercalación de imágenes de un viaje y de imágenes de la vida: los preparativos para el viaje, la emoción del primer viaje, con el impulso de juventud no racional, el paso de la vida hasta asumir la derrota final. O en el poema ‘[Mis primeros recuerdos]’: el primer viaje, el de la infancia al mar, el segundo viaje el de la juventud al centro, el tercer viaje el fin de la juventud y así relatando la vida en viajes de tren mezclando además lo propio, las imágenes personales, y lo colectivo.

La idea de separación, de romper la unión entre las cosas también aparece en el libro. La distancia acaba siendo un decorado, el vacío entre las cosas y su verdad. En el poema “Oro” se toman dos temas importantes la luz, y el propio de la separación. La luz corta y muestra, separa los dorados, el color de los recuerdos. Los viajes nos unen y nos separan, vidas que van y vienen.

            En la última parte, Recogida de equipajes nos muestra lo que llega con nosotros al final de una vida. Una recolección plasmada en la poesía, ya que muchos de estos últimos poemas sirven a modo de poética. La poesía es uno de los motores del viaje cuando ‘desembarcamos’, en el fin de nuestro viaje, todos somos iguales. El verso, como la sombra, es provocado por la luz, y la poesía es como una cosecha, como un ciclo vital. La fragilidad de la literatura como la incertidumbre de un futuro que no dejamos de buscar. Bozalongo se acerca a Pessoa en su ‘Poética’ final, escribe lo no vivido, que es su vida.

            En estos tiempos el viaje es llegar. Para Bozalongo el viaje es el viaje, es lo que te encuentras y te hace: “Hablábamos de futuro. Yo hablaba de viajeros”, los viajeros que se cruzaron en tu camino. Aquí dejo, para acabar, un precioso endecasílabo que para mí resume el gran libro que ha creado Javier Bozalongo, Viaje Improbable: “tu vida la conduce quien te espera”.


Ángel Talián
Revista Letra Clara

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