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Entrevista en "La Opinión"

- 'Hasta llegar aquí, ¿llegada o partida?

A pesar de esporádicas publicaciones anteriores, el libro supone sin duda un punto de partida a partir del cual seguir avanzando.

 

- El libro es un mapa sentimental claramente trazable. ¿Dónde ubicamos en esta geografía a la persona y al personaje?

Hasta llegar aquí lo forman poemas cuyos títulos aluden a ciudades que de una u otra forma tienen que ver conmigo. En varias de ellas he residido períodos más o menos largos de tiempo por razones personales o laborales; en otras apenas he pasado un fin de semana o unas vacaciones. El personaje que las visita no quería dejar constancia únicamente de mi  paso por ellas, sino más bien al revés, expresar "el paso de ellas por mí", que se corresponde con momentos muy concretos de las circunstancias colectivas: el "cambio", el "desencanto", la reconversión industrial o la movida madrileña; y de las circunstancias personales fácilmente trasladables al lector: la pérdida de los seres queridos, el final de la juventud.

 

- ¿Hay ciudades más poéticas que otras?

Seguro que sí, pero no en el sentido de la postal que refleja atardeceres. Cada uno encontrará el significado de lo poético en un rincón de las ciudades que visite, o huirá de ellas al no encontrar esa mirada. Algunas de las ciudades que el libro retrata gozan de una belleza universalmente reconocida, y siendo éste  su mayor atractivo, es a la vez la causa que impide atraparlas, hacerlas propias. Abruman al viajero.

 

- Y Granada, ¿es tan poética como se dice?

 No me extrañaría que la enorme cantidad de personas que se acercan a la ciudad se llevaran consigo una imagen poética de la misma, aunque puede que nos sorprendiéramos al comprobar que esa imagen pudiera ser muy parecida en casi todos los casos, y muy cercana a la intención de los mayoristas turísticos.

 En cuanto a la poesía, hace ya muchos años que Granada se ha instalado como referente gracias a la labor de muchos poetas que viven o escriben aquí, sin que ello conlleve ningún localismo. La importancia que está alcanzando el Premio de Poesía Ciudad de Granada- Federico García Lorca, por un lado, y el Festival Internacional de Poesía, por otro, afianzan  esa relación de la ciudad con la poesía. 

 

- Viajes, traslados, tránsitos... ¿Es la poesía un género del movimiento?

El inmovilismo es siempre perjudicial. Y ya vemos la reacción de quienes pretenden que todo siga igual, en la literatura o en cualquier aspecto de la vida: acaban acusando de radicales a los que pretenden avanzar.


 

- Su libro ve la luz en Cuadernos del Vigía ¿qué supone que sea esta editorial la que edita el poemario?

Supone mucho, porque Cuadernos del Vigía es una editorial en la que han publicado un buen número de poetas a los que leo. Miguel Ángel Arcas cuida  los libros y a sus autores con paciencia y mimo y, siendo también  poeta, es exigente con sus publicaciones a la vez que conocedor del terreno en el que se mueve. Hacen falta editores así.

 

- Trabaja en una sucursal bancaria. Pessoa hablaba del banquero anarquista ¿qué tiene de poético su trabajo?

El trato habitual con el público te proporciona  una visión muy amplia de la sociedad en la que vives, de los problemas reales que preocupan a la gente. No se debe separar al poeta del ciudadano, y aunque algunos se sorprendan de que actividades tan dispares como la economía o la poesía puedan conjugarse sin peligro de esquizofrenia, hay en la literatura muchos ejemplos: Joan Margarit es arquitecto y poeta; José Luis Sampedro, economista y escritor, José Antonio Muñoz Rojas, José María Merino…

 

- ¿Se considera un francotirador de la poesía o se adscribe a alguna corriente?

Unos pocos poemas no son suficientes para hablar de trayectoria, sino de un camino de aprendizaje, pero reconozco el magisterio de los poetas que me han precedido. Me interesa una poesía cercana, capaz de transmitir y de hacer que el lector participe de lo leído, que trascienda la anécdota biográfica y haga del sujeto poético alguien reconocible, que exprese lo que el lector también puede sentir o pensar.

 

(Publicado en La Opinión de Granada el 5 de diciembre de 2005)

 

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El tango, una sensibilidad con rumor de arrabales

El poeta y periodista cubano recorre los orígenes suburbiales del tango y su evolución como una forma de entender la vida, y recuerda las ingenuas fiestas de Navidad en la isla, a mediados de siglo XX

RAUL RIVERO

 

Lunes

La poesía del tango

Tango se llama un palo flamenco y tango le decían los españoles a los lugares donde se divertían los esclavos. Hay muchos sitios en Africa que se llaman Tango y algunos lingüistas aseguran que la palabra surgió por la imposibilidad de los africanos de decir claramente tambor y pronunciaban tangó.

La verdad es que, surgida de los prostíbulos y tugurios de Buenos Aires a finales del siglo XIX, esa música que se canta, se baila y casi se puede tocar, recorre desde años los salones del mundo occidental y sus letras, que suelen ser dramas y novelas cantadas, tragedias de amor, abandono y derrota, influyen en la obra de poetas importantes de Hispanoamérica.

Los estudiosos hallan sus orígenes en las habaneras hispano cubanas, llegadas al Río La Plata mediante el intercambio comercial entre los puertos de La Habana y Buenos Aires. Los instrumentos de los primeros conjuntos eran el violín, la flauta, la guitarra y uno muy especial: un peine cubierto con papel de fumar y un artista que soplababa para marcar el ritmo. Todavía en aquellas zonas algunos músicos populares usan ese instrumento sin nombre, barato, elemental, que recuerda el sonido de la corneta china.Claro, llegó después para quedarse el bandoneón.

Los primeros textos de los tangos eran bastos y directos y, vistos en la distancia, están más emparentados con la pornografía que con la sensualidad, pero su evolución hacia historias de amor y de quebrantos, a asuntos personales, amarguras y separaciones como platos fuertes, le ha dado su presencia definitiva en escritores de relieve internacional.

Carlos Gardel es una referencia permanente como personaje y como esencia en la poesía de Juan Gelman, que es autor de un libro que se llama Gotán y escribió, en los 60, un poema dedicado al Morocho del Abasto que se titula Anclao en París. Algunos estudiosos creen ver también el fantasma del tango en poetas como Jorge Bocanera y Noé Jitric y en escritores de las promociones más recientes.

Creo que así como el bolero marca, a veces, el trabajo de poetas y prosistas de México, Cuba, Colombia, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y Costa Rica, el tango es una influencia perceptible en escritores del cono Sur, aunque en toda Hispanoamérica y en muchas otras ciudades del mundo hay clubes, oleadas de fanáticos y peñas dedicados a esa filosofía de la vida que salió al mundo desde los arrabales de Buenos Aires.

 

Miércoles

Entre la nada y la felicidad

Los poemas de Javier Bozalongo le cantan a un país imposible.Traza una geografía que sólo un poeta puede inscribir en el mapamundi.En Hasta llegar aquí, un libro que acaba de publicar Cuadernos del Vigía, de Granada, se propone un acercamiento sentimental a ciudades que van desde Buenos Aires a Tarragona, desde París a Gijón y desde Lisboa a Madrid.

Son viajes donde se usan como boletos las palabras y como equipaje una carga más grave que un contenedor: la búsqueda. Y lo que el poeta busca es al poeta que él adivina y reconoce en los espejos.

Lo encuentra. Lo encuentra al fin en Granada y lo va enseñando por las páginas del cuaderno. Ahí aparece un autor que le pone a sus sentimientos una música interior para hacerlos llegar de un golpe a los lectores.

Me regocijan estos versos llenos de fuerza y delicadeza, una combinación rara y noble y me regocija porque siempre será un signo positivo terminar un año acompañado de buena poesía.

 

Viernes

Vida y muerte del Nacimiento

Las ingenuas y cálidas fiestas de Navidad tenían en la Cuba de los 50 un plato singular, un manjar añorado durante todo el año.Se llamaba montería. Era la carne que había quedado del cerdo asado de la Nochebuena, sofrito con mucho tomate y ruedas de unas cebollas blancas y brillantes como decían que era la nieve.

Con la montería, una misa y, por la noche, con un baile pagano rociado con rones y sidras que llegaban de España, celebraban los cubanos el advenimiento de Jesús a la Tierra.

Después, en la década del 60, el comunismo fue haciendo mucho más realista la celebración, más apegada al acontecimiento histórico.Hizo de la mayoría de las casas cubanas unos pesebres, donde lo único que se recordaba de los cerdos era el grito de agonía cuando el cuchillo del matarife iba en camino del corazón.

Llevaron entonces vinos de Argelia y de Bulgaria y unos pollos impávidos y serios, envueltos en celofán, con sabor a estopa de mecánico, que se vendían por la cartilla de racionamiento.Como era políticamente incorrecto tener creencias religiosas, se quedaron vacías las iglesias y en las fiestas nocturnas se prodigaba un ron pendenciero que convertía los salones de bailes en campos de batalla. El Estado no concedía licencia laboral por esas fechas y, como ya era dueño del empleo, nadie tenía derecho a trasnochar.

Tampoco había ya mucho ánimo, ni tiempo, ni recursos para festejar en Nochebuena, pero es verdad que unos tercos guajiros siguieron criando cerdos y esa cena, ahora con asientos vacíos y sillas de mimbre desfondadas y unas botellas turbias y raspadas se ponían a la mesa con vino de arroz y de papaya, con los alcoholes ocultos que tienen en su pulpa la guayaba, el marañón y los caimitos.

Después, ya en plena ortodoxia, cuando intentaron que el tocororo -que es nuestra ave nacional, un pájaro orgulloso que tiene los tres colores de la bandera- se hiciera primo hermano del gran oso Misha, se borraron definitivamente los festejos y sólo en algunas casas de familia de estirpe muy católica, en silencio, se recordaba la llegada del hijo de Dios.

Olvidar la Navidad los hacía hombres de confianza, tipos seguros, claros en su ideología, militantes de base del ateísmo científico, sin debilidades por la religión a quien el mismo Carlitos Marx, él en persona, había denominado el opio de los pueblos.

Ahora que Cuba ha vuelto a Dios, a todos los dioses, después de que el socialismo se derrengó como un buey viejo en el mapa de Europa, el Estado ha decretado un día feriado para que los cubanos celebren Navidad. Ya se autorizó de nuevo la alegría.Salieron del clandestinaje los católicos y una feligresía renovada vuelve a llenar los bancos de los templos. Los hijos de los cultos afrocubanos, cuyos sacerdotes -los babalaos- besan los anillos de los obispos porque idolatran las mismas imágenes con otros nombres, se unen a las celebraciones que empezaron el 4 de diciembre con Santa Bárbara (Shangó) y siguieron el 17 con San Lázaro (Babalú Ayé).

A las mesas de algunas familias regresa la montería (en otras habrá sidras y dulces y unas uvas) porque los que tuvieron que dejar la silla vacía envían desde el extranjero el dinero que le abren las puertas de las tiendas especiales donde la moneda con que se pagan los salarios tiene el mismo valor que los billetes del juego de Monopoly.

Así, más cerca que nunca de los pesebres y de Dios, se celebra este año la Navidad en Cuba, bajo la mirada severa de la dictadura, pero más cerca también de la esperanza y de la libertad.

 

Fuente: El Mundo. Sábado, 24 de diciembre de 2005. Año XVII. Número: 5.856.

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Bozalongo traza un itinerario de ciudades en sus poemas

FERNANDO VALVERDE  -  Granada
EL PAÍS - 16-11-2005

 
El nuevo libro de Javier Bozalongo (Tarragona, 1961), publicado por la editorial granadina Cuadernos del Vigía, constituirá una verdadera sorpresa para sus lectores. Titulado Hasta llegar aquí, el poemario traza un itinerario poético por diversas ciudades a modo de ruta simbólica con la que poder ejecutar un plano de lo que significa una vida no sólo en el espacio, sino también en el tiempo.

Bozalongo, que ha colaborado con diversas publicaciones literarias y con la prensa granadina, presenta un poemario sólido, pequeño y acertado. La ruta, que se inicia en su Tarragona natal hasta finalizar en Granada, la ciudad en la que vive desde hace varios años y en la que ha dejado de sentirse "extranjero", conduce por una serie de postales alejadas de lo cotidiano y capaces de dotar de un sentido a los recuerdos particulares para convertirlos en patrimonio de los lectores.

Ciudades como Madrid, Barcelona, Londres, Lisboa, A Coruña, París o Buenos Aires, tan distantes no sólo sobre un mapa, aparecen desde su propio carácter y singularidad, siempre alejadas de una postal turística con tendencia al tópico, como un conjunto no sólo probable, sino consistente gracias a la narración autobiográfica y a los recursos en los que la ficción se convierte en protagonista.

 

Autor tardío

Bozalongo, que se considera cercano a la poesía de la experiencia, afirma tratar de huir del "lenguaje grandilocuente, escapando de la belleza ensimismada de los poetas que escriben para otros poetas". "La experiencia trasciende lo autobiográfico y se ensancha, y se hace verosímil a los ojos del lector", dice Bozalongo.

Autor tardío que comenzó a escribir llegado a la cuarentena, afirma no saber si el poeta "estaba dormido o simplemente no estaba". "No ha habido una intención premeditada. Las cosas han surgido así y así están bien. Conocer a algunos poetas granadinos, especialmente a Daniel Rodríguez Moya, me hizo ver que tenía que seguir escribiendo", comenta.

Partidario de una poética del compromiso, se muestra un tanto escéptico sobre la capacidad de la poesía de actuar sobre las conciencias adormecidas. "Quizá no consiga tanto, pero cualquier acto debe realizarse sin huir de su posible utilidad social, aunque sin valorar la propia poesía en función de su uso o de su aprovechamiento inmediato. El poeta no es más que un ciudadano que opina, que elige, que decide, si le dejan. Lo contrario, vestirse de poeta, no produce sino alejamiento: de la poesía, por un lado, y de los posibles lectores cómplices por otro", concluye.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/elpepiautand/20051116elpand_28/Tes/Bozalongo%20traza%20un%20itinerario%20de%20ciudades%20en%20sus%20poemas

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