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Reseña de José Emilio Pachecho

 Javier Bozalongo: La casa a oscuras

 Como en la antigüedad clásica, Javier Bozalongo hizo el viaje por la existencia antes de escribir sobre ella. Su primer libro, Líquida nostalgia (2001), es de los cuarenta años. Los dos siguientes, Hasta llegar aquí y Viaje improbable,son obra de un poeta nuevo que al mismo tiempo escribe con el aplomo y la fluidez de quien lleva mucho tiempo en sus transacciones con la realidad.

        La casa a oscuras se divide en cinco cuadernos en que el poeta presenta a su protagonista lírico, hace un recorrido vital en que siempre está presente la casa como realidad y símbolo, traza un homenaje a los poetas que lo han acompañado en su viaje por el mundo y por último se interroga y nos interroga sobre el sentido de escribir y leer poesía.

        En menos de media hora leemos un libro que al poeta –Bozalongo o cualquier otro--le ha tomado muchos años escribir. Con él pone su vida entera en nuestras manos. ¿Seremos dignos de este don o dejaremos que otra voz se pierda bajo el estruendo del mundo?

        Si aceptamos lo que nos ofrece La casa a oscuras tendremos un diálogo con los juegos que ya no jugamos y los sueños que ya no soñamos ahora que caminamos perdidos por una Antártida que se funde. Sabremos que no hay paraísos pero sí se alza entre nosotros el jardín inmenso de la vida. Para verlo de frente: para eso sirve la media hora que dedicamos a la poesía.

 

José Emilio Pacheco

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El poeta que se hizo tarde

Javier Bozalongo publica 'La casa a oscuras', donde muestra que es un escritor que abre puertas, ventanas, caminos

Erika Martínez /granada | 26.11.2009

 

Javier Bozalongo.

Dice José Emilio Pacheco que Javier Bozalongo (Tarragona, 1961) hizo el viaje por la existencia antes de escribir sobre ella, que escribe como quien lleva mucho tiempo en transacciones con la realidad. Leyendo La casa a oscuras (Accésit del XIX Premio Jaime Gil de Biedma, 2009) es difícil recordar que Bozalongo publicó su primer poemario hace tan sólo nueve años. Tres libros han bastado para que su poesía aboliese ese peculiar desfase. Líquida nostalgia (2001) partió ya de una posición aventajada: la de un poeta dueño de su voz, tranquilo, ajeno a la ansiedad que lleva a muchos autores jóvenes a quedarse varados en la orilla del ademán, la exhibición, el artificio. Lejos de eso, la evolución de Bozalongo es una carrera de relevos en sprint: Hasta llegar aquí (2005) y Viaje improbable (2007) podrían ser los dos puntos álgidos de un largo recorrido lleno de títulos; los buenos poetas, sin embargo, prescinden de la paja, y éste es un gran ejemplo de ello.

La casa oscuras es un poemario adulto con todas sus consecuencias. Sus páginas evidencian el desengaño al que nos conduce la madurez, ese momento en el que nos atrevemos a abrir La caja de los sueños (así se titula la primera parte) para descubrir que dentro quizás no queda nada: "Abres por fin la caja / con minuciosidad de detective / y guantes contra la nostalgia. / El nombre sobre el árbol se ha quedado sin rostro, / y las ciudades se parecen tanto / que son todas la misma y son ninguna. / ¿Creías que eran sueños lo que fueron fracasos?". Como la revelación en la tragedia clásica, esa apertura marca un giro de efectos demoledores en la fortuna de quien la sufre. A partir de ella comienza una odisea doméstica en la que los ascensos están marcados por la pesadumbre y asistimos contemplativos a una lenta caída.

En la segunda parte, titulada igual que el poemario, el recogimiento interior que simboliza la casa parece ser una respuesta a la desolación. Una desolación que es individual, pero tiene todo el tiempo ecos colectivos: el espacio público no es más que una suma de soledades ordenadas por mercaderes. Qué fácil entonces entregarse a la melancolía. Nada más lejos de la estrategia emocional que ofrecen estos poemas: para propiciar el cambio, encerrarse, apagar la luz y dejarse transformar por la memoria. La casa a oscuras es el espacio que hace posible ensimismarse para luego mudar de piel: "El que enciende la luz -dice el poeta- ya no es el mismo".

A partir de ese momento, un hombre nuevo deja pasar la luz que traen a su casa la literatura y los amigos. Para ellos es el homenaje de Los invitados y Sobre el papel, dos partes comunicadas por la vida que quiere abrirse paso después de la catástrofe, tal como anuncian los poemas de Naturalmente. En ellos se impone una verdad: animadas por el efecto mariposa, el alcance de las pequeñas cosas es incalculable. Y se materializa una renovación: una gran ola subterránea será la fuerza que nos empuje de nuevo a la alegría; lo que arrasa el tsunami no es otra cosa que el dolor. Por eso dice el poema Hacia otra orilla: "Una sonrisa surge de la nada / como nacen las olas mar adentro, / sin que nadie lo espere, / arrasando castillos infantiles / al llegar a la orilla, / cuerpos desprevenidos / entregados al sol. / Una sonrisa cura / como un sol que calienta la arena de los días".

Aunque el malestar que inunda sus páginas pueda hacernos pensar lo contrario, La casa a oscuras es el libro de un poeta que abre puertas, ventanas, caminos. "Me estoy haciendo tarde", dice el primer verso de La realidad. Javier Bozalongo se hace tarde, sí, pero sabe hacerlo. La honestidad de sus versos es la de quien conoce el transcurso del tiempo, no se resiste, no lo niega, y entonces pone el tiempo a su favor. Por eso Bozalongo es cada vez más joven, joven de la única juventud que importa, ésa que mantiene en forma su poesía.

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A oscuras

A oscuras
José María Pérez Zúñiga


... Muy al contrario, aprovecharemos mejor este domingo leyendo el libro de alguien que sigue encarnando las virtudes que todavía admiramos. Alguien que puede ser director de una oficina bancaria, poeta y gestor cultural sin sonrojarse, pues diariamente demuestra cómo pueden casarse la poesía y la realidad, el trabajo y la coherencia, la simpatía y la honestidad. “La casa a oscuras” (Visor, 2009) es el último libro de Javier Bozalongo, y con él -parafraseando a José Emilio Pachecho- pone su vida entera en nuestras manos. Leyendo sus poemas me parece estar hablando con él, pues transmiten el mismo aplomo y la bonhomía del que está acostumbrado a negociar con la realidad sin sacrificar por ello lo mejor de sí mismo. Porque “los hay que viven sin contar los días / y se les vuelve el tiempo felicidad sin prisa”. Pueden iluminar su casa y su vida con estos versos. Feliz domingo. 

www.josemariaperezzuñiga.es

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Reseña de Javier Bozalongo

Javier Bozalongo, Hasta llegar aquí. Cuadernos del Vigía, Granada, 2005.

Versos con salida al mar
Andrés Neuman

 

 Este flujo de versos firmado por el nómada Javier Bozalongo (Tarragona, 1961) no es solamente un libro, o no es un solo libro. Este libro con nombres de ciudades no es un simple repaso por las distintas residencias de su autor, sino un recorrido intenso, reflexivo, por las enseñanzas que trajo ese peregrinar. Este libro es un mapa abierto donde la memoria de los lugares va dejando paso a los lugares de la memoria. Un plano donde el recuerdo trata de orientarse para comprobar, en definitiva, que vivimos desorientados.

            Como puede leerse en el poema titulado “Barcelona”, <<las ciudades no son sus habitantes,/ ni siquiera sus calles,/ son tan sólo el recuerdo de quien las abandona>>. Pregunta triste: ¿por qué será que pensamos más en nuestros lugares cuando estamos ausentes de ellos? Posible respuesta alegre: porque marcharse es una forma de amarlos mejor. El poema “Tarragona” habla de una ciudad sin puertas. Y creo que la poesía de Javier Bozalongo es idéntica a una ciudad sin puertas. No porque en ella no haya por dónde salir; sino, al contrario, porque en su panorama no se divisan obstáculos ni fronteras. Se percibe en este libro un ansia errante, el latir de una salida que se hace y nos hace una advertencia: <<Si te quedas aquí/ puede que no descubras otras luces>>. Digamos que, para este personaje movedizo y su <<corazón de mudanza>>, es necesario irse para poder quedarse.

            A través de las páginas pasamos por ejemplo por París, dónde si no, para vivir el extraño sueño que cuenta un inquietante poema de amor, un amor desvelado por una incertidumbre: la de dormir siempre <<con los ojos abiertos/ mirando el equipaje>>. Creo que esta metáfora ilustra la actitud de amor al movimiento del personaje poético, ese personaje que hablando de Madrid recuerda con ternura e ironía: <<Todas las novias eran las primeras>>. Un excelente eslogan. Un excelente verso para algún bolero o tango. Y un excelente truco para ligar mejor. Todas las novias eran las primeras, en efecto, igual que todos los poemas que se escriben parecen el primero, el más insólito, el más desconocido y atrapante. En eso el amor y la escritura juegan a lo mismo: son la biografía del descubrimiento. Sí, todas las veces son la primera. Y esa es también la incesante búsqueda de la poesía, siempre promiscua de puro fiel a sí misma, a sus curiosidades.

            En el poema titulado “Itinerario”, que en realidad nombra la actitud de todo el libro, leemos idas y venidas, estancias y traslados, una huida y a la vez el sueño de un regreso. Como dicen dos exactos versos, <<mientras duró Gijón/ velaba por estar en otra parte>>. Extranjero en todas partes (pero nunca ajeno a ninguna), el personaje poético va de un lugar a otro preguntándose el dónde, que es casi tanto como preguntar por qué. El alma del personaje es migratoria igual que las golondrinas, esos seres que adoran la mudanza, que de tan voladores nos parecen interiores.

            De Gijón a Granada, de Madrid a Buenos Aires, de Río de Janeiro hasta un río cualquiera, el itinerario en el que nos embarca Bozalongo nos convence de una verdad esperanzadora: <<...las canciones dicen de las ciudades/ mucho más que los planos y más que las postales>>. Canciones y poemas que, en un vaivén que nos lleva del poema cordial al melancólico, y de la melancolía a la cruda observación social, sumergen al lector en la parte desconocida que tienen todos los lugares conocidos. Junto con las canciones y los poemas, puede decirse que los viajes nos cuentan mucho más del viajero que cualquier posible biografía.

            Como dice el final del poema “Ibiza”, <<después de tantas islas/ no es extraño ser agua>>. El marino se funde con el mar, el caminante se confunde con el camino, y los buenos poemas se hacen agua en la boca de quien los lee. Viajero perplejo, fotógrafo del fluir, ladrón de aguas, Javier nos ofrece este libro de poemas con salida al mar. Y, al llegar a casa, el lector se alegra de haber hecho el viaje, de haber caminado por estos versos, por su música leve y transparente, hasta llegar aquí. 

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Entrevista en "Granada Hoy"

GRANADA HOY  2 de diciembre de 2005

javier bozalongo. poeta

"Hacen falta más editores que cuiden las publicaciones"

Javier Bozalongo

 JESÚS ARIAS 


Granada. Quince poemas dedicados a catorce ciudades. Esa es la esencia de Hasta llegar aquí, el segundo poemario de Javier Bozalongo, que ha sido publicado en la colección Cuadernos del Vigía. Bozalongo dedica un poema a cada una de las ciudades que han moldeado su vida y que han dejado algún tipo de huella en él: Tarragona, Madrid, Barcelona, Gijón, Londres, París, Río de Janeiro... Todos los poemas están escritos en el recuerdo de esos lugares. Todos, excepto el de Granada, que es puro presente.

 

 

–¿Cómo surgió el libro?

–Todo surgió a raíz del primer poema, Tarragona, que es la ciudad donde nací. Ese poema se publicó en 2003 en la revista Contratiempo y, al leerlo, se me ocurrió que sería una buena idea construir un libro sobre todas las ciudades en las que he vivido o en las que he estado. Hice un itinerario cronológico que comienza en Tarragona y concluye en Granada.

 

 –¿Cuánto tiempo ha estado trabajando en el libro?

–Lo he estado compaginando con otros proyectos, pero lo comencé en 2003 y lo terminé en agosto pasado. He estado prácticamente dos años trabajando en él.

 

–Poéticamente, ¿cuál es la ciudad que más le ha impactado?

–Granada, sin duda. Es la ciudad donde he publicado mis dos libros y donde más me he relacionado con la poesía.

 

–¿Por qué Granada incita tanto a la poesía?

–No se trata de la ciudad en sí, creo yo. Más que la ciudad, lo que influye es que hay muchos poetas en Granada que son muy importantes. Si conectas con ellos, al final te metes en ese mundo. No creo que haya unas ciudades más poéticas que otras. Lo que pasa con Granada es que desde Federico García Lorca hasta hoy, la importancia de los poetas de aquí no ha dejado de tener peso en ningún momento.

 

–¿El libro es un viaje sentimental?

–En cierto modo aunque, más que tratar de reflejar lo que yo he tomado de cada ciudad, he intentado crear un personaje poético que pasease por esas ciudades. He querido recrear muchas cosas colectivas, que están en la memoria de todos, desde la reconversión industrial en Gijón hasta los años ochenta en Madrid. Al final, si el libro es autobiográfico, el lecto no lo va a apreciar. Tiene mucho de algo colectivo. Si no es así, la poesía no funciona.

 

–¿Es difícil publicar poesía hoy?

–Sí. Sigue habiendo muchas dificultades. Se continúan publicando muchos libros, pero hacen falta más editores que cuiden los libros. Creo que el principal problema que existe es la difusión de la poesía, la distribución.

 

–¿Cree que hay saturación de publicaciones?

–En España se publican 60.000 libros al año, y no sólo de poesía. Creo que hay un problema con tanto título. No obstante, hay poetas que tienen mucho éxito, que hacen tiradas de varios miles de ejemplares.

 

–¿Cuál es el poema en el que mejor ha conectado con una ciudad?

–A mí me gustan mucho el primero y el último, Tarragona y Granada. Pero también me gusta Río, que es un poema que trata sobre el turismo excesivo de los occidentales en los países más pobres. Ahora somos conquistadores, pero de otra manera: utilizamos el dinero. También me gusta el poema Londres. Antes teníamos a Londres como ejemplo de ciudad multicultural y muy abierta, y hemos visto, tras los atentados de este verano, que no es tan abierta. Londres se podría intercambiar también con París por lo sucedido ahora...

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