Europa

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 Una famosa marca de embutidos ha encargado a una no menos famosa cineasta un cortometraje que sirva, por un lado, para publicitar la marca que paga el anuncio; y por otro, para transmitir un mensaje dizque positivo a la población española, destinataria del mismo. “Currículum de todos” se llama el invento, y un buen número de cómicos desfilan por la pantalla aportando a la biografía común los mayores logros conseguidos por algún español.

 

Lástima que un currículo así no vaya a servir a nadie para encontrar trabajo. Si es usted uno de los cinco millones de españoles que busca empleo, intente decirle al posible empleador que pertenece a una estirpe con siete u ocho premios Nobel, que es campeón del mundo de fútbol o encabeza el ranking de donantes de órganos. Seguramente acabarán preguntándole si habla algún idioma extranjero, qué experiencia tiene y si está dispuesto a trabajar por un salario irrisorio, cada vez con menos protección social, alejado de sus expectativas profesionales o ajeno a su preparación académica. Aun contestando afirmativamente a todo lo anterior, será difícil que obtenga el puesto.

 

Pero hay que ser positivos, siempre. Si no es en 2013 será en 2014 cuando nos recuperemos, y esto no puede durar siempre porque “no hay mal que cien años dure”, le dirán, y lo que hay que hacer en estos días de diciembre es salir a la calle y llenar los comercios, exprimir su depauperada billetera y comprar regalos a sus seres queridos, estrujar su tarjeta de crédito y aprovechar las ofertas que cada vez se adelantan más en los calendarios.

 

Hay oportunidades para todos los gustos y bolsillos. Gaste cuanto pueda, porque en este barco vamos todos y todos debemos remar a una para llegar a puerto, le repetirán. No importa que quien se lo diga luzca gorra de capitán (alguien tiene que dirigir la embarcación), y usted deba llenarse de grasa hasta las rodillas para que la maquinaria no se detenga. Aproveche las gangas, las hay de todo tipo: pisos a precio de saldo para que sus hijos se independicen –si pueden-, coches al precio que usted quiera ponerles, abrigos para un invierno cálido, viajes a ninguna parte y hasta bancos. Los hay por un euro. Dese el gusto de imitar a sus héroes de los ochenta, saque del baúl su americana azul de botones dorados y póngase a gobernar desde cubierta sin preocuparse del viento, de las olas o del hielo: lo que guarde en su bodega está a salvo de cualquier vaivén.

 

Mientras recorre las calles más céntricas de la ciudad realizando sus compras, no olvide su espíritu solidario. No podría aunque quisiera, pues se encontrará con voluntarios de múltiples organizaciones no gubernamentales que le pedirán un minuto de su tiempo para hablarle de su labor humanitaria, que cada vez les cuesta más esfuerzo llevar a cabo al perder gran parte de los ingresos procedentes de las instituciones, y que tratan de suplir con más voluntad, nos tememos, que resultados.

 

Así está la calle, y los viandantes miran al cielo no por comprobar si luce el sol, sino esperando que empiece a llover dinero o trabajo o ambas cosas, con la esperanza y el temor a un tiempo de que aparezca volando algo capaz de rescatarnos. Nuestra esperanza y nuestra amenaza se llaman Europa. Felices fiestas.

 

(c) Javier Bozalongo 

(Publicado en Diario Ideal, de Granada, el sábado 29 de diciembre de 2012) 

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